sábado, 10 de noviembre de 2018

me pegaron los treintitanto

a pasitos de renacer
ataca la saga de las reflexiones
que puede aparecer
bien a la vuelta de la esquina
bien a la penumbra de una luna nueva
bien en la mitad de la vida
y alrededores
resulta que me anda picando un bichito
absorto de futuro
para intentar averiguar
qué ocurrirá en la próxima hora
llegado el verano

sin ir más lejos
el próximo septenio
toda mi biología
se despierta al servicio de una única celebración
cumplir otro año
instante en el que se cruza el umbral
(invisible, como todos los umbrales)
del mismísimo 
sagrado
tiempo
alguien deja de ser
alguien es
me quedo de pie
mirando a ambos lados de la vía
sólo para dilucidar
de dónde es que vengo
y hacia dónde voy
qué ladrillos ocupan su sitio
cuáles habrán de labrarse
antes, me digo,
(antes cuándo?)
antes, no sé, antes
vibraba en calidad de emociones
mareas que perseguían ciclos y caprichos
toda mi existencia comandada por los líquidos
biología primaria
ahora (parece que ahora)
empecé a caminar en tierra firme
y ya no armo remolinos
a lo sumo algún que otro terremoto
sin embargo
no extraño para nada
las danzas acuáticas
las lágrimas
ni las tempestades
me va muy bien con la paciencia
el paso a paso
y a lo sumo, cada tanto
comer un poco de polvo
así me voy convirtiendo
en mi nueva casita
que tiene menos preguntas
y más silencios
menos afectos
y más acciones
menos magnetismo
y más borde
casita que no sabe nada
y no quiere saber nada
más que de la humildad
la responsabilidad
y la práctica