lunes, 12 de diciembre de 2016

árbol

los árboles nacen
pero no mueren
-no me pidas explicaciones
nadie ha visto a un árbol morir

ni de muerte natural

ni acostado

y ni siquiera de pie-

de todos los seres que habemos en esta tierra
los que más me conmueven
son los árboles
me abrazo a ellos
cada vez que tengo miedo
y me muestran cómo es sostenerse
desde la raíz
detienen al viento
para que no me vuele
y me invitan 
a conocer alturas al trepar
en su solidez flexible puedo ver
la fuerza que tenemos al dejarnos mover

yo acaricio las pieles de los árboles
que son tan viejas como el mismísimo vivir
me emocionan las historias que cuenta
esa rugosa, ruda suavidad en filo
el roce de la corteza en mi mejilla
susurra misterios
surco añoso abuelo árbol
tu tacto certero
contundencia en tu madera
existe generosidad mayor que la de limpiar el aire?
respira
respira y deja respirar 
inhala exhala inspira sopla suspira
existe altruismo mayor que transformarte en fuego?
ardiente crepitando cuece abriga y alumbra 
existe regalo mayor que ser hogar de todos los pájaros?
vuelan ramas nidos hojas nacen pájaros nacen vuelan vuelven
cantos cantan cantan cantos cantan

quiero regarle con mis lágrimas
quiero nutrirle con mi sangre de paz
quiero entregarle mi peso
y arrodillarme en reverencia
ante el testigo de la eternidad

sagrado
maestro 
árbol


voluntad de sangre

me duele el ojo de luz
que siempre quiso ir más lejos
ya no lloraba cuando supe la verdad
y entonces volví a llorar
de recuerdos
cada mañana pasaba por el cuarto de baño
como mi abuela
a dibujarme una cara, que no era la mía
sobre otra cara, que tampoco era la mía
entonces 
salir a recibir un poco de sol
si algo se deshacía aquí adentro
nadie podría darse cuenta
tal vez fue mi abuela vampira
vampira tal vez yo también 
tal vez nos disolvíamos
por tanta voluntad de sangre
tanto corazón de agua
y disfrazarnos los rostros, los cuerpos
en colores y cascabeles, envoltorios de humo
tal vez nuestro propio carnaval 
fuera tan solo un hechizo de protección
como sea, no quería yo ver mi propio gesto
amargo de castigo
asqueado del olvido
herido de impotencia
gritándome niña, niña, niña
buscando, siempre a esa niña que ya no está en mi rostro
invocando a la niña llegar con sus canciones
su sonrisa blanca
su pulso invencible de ser y de amar
esa niña juego
niña poeta y canción
suspiro y sonrisa
tímida universa libre al bailar
la niña de vida que cada mañana abraza mis ojos
agradece todo lo que estoy viendo
promete que cada cosa volverá a su lugar
seca mis lágrimas y se viste de mí